Hay momentos en la vida de un Cuartel que, aunque sencillos en apariencia, encierran un profundo significado. Instantes que no necesitan grandes discursos porque hablan por sí solos. En nuestro Cuartel, como en cada uno de los que existen en Puente-Genil, vivir este instante representa el momento culmen de la noche del Sábado de Romanos. Pero para llegar a este, se dan muchos otros que ya se han guardado en el recuerdo.

El aire ya huele a Cuaresma. De nuevo, nos disponemos a volverla a vivir como siempre hemos hecho, con el mismo ritual, pero con sentimientos diferentes. El día 14 de febrero, aunque algunos se empeñaran en celebrar el Día de los Enamorados, nosotros, «La Sentencia de Jesús», como bien marca nuestro calendario, quisimos celebrar el primer Sábado de Romanos, enamorados también, pero de nuestro Cuartel, nuestras costumbres y nuestro pueblo.

Olvidémonos del típico paseo hacia el Cuartel, que si nos citamos a tal hora, que si nos tomamos una copa de vino… Si ya lo sabemos, ¿para qué volverlo a recordar en estas líneas?

Lo que sí os puedo decir es que la ilusión se renueva totalmente cada año que llegan estas fechas, esas vísperas que se viven intensamente. Pasa el día y, sin darnos cuenta, ya le hemos quitado una pata a nuestra Vieja.

Cuando se tiene en la distancia a uno de los pilares más importantes de la vida —familia, amigos, Semana Santa, Cuartel— se hace todo más difícil. Pero por suerte —y que el Señor me la guarde— la distancia hacia este es sólo espacio, pues el cariño que le tengo todo lo suple.

Es por ello que, cuando llego a la Cuesta Málaga, ¡ya estoy en el pueblo! Desde ahí, ya huelen los dulces de Miragenil, ya escucho la muchedumbre en el Pedrusco, ya me estoy imaginando gente subiendo y bajando por la Cuesta Baena y calle Aguilar. Me da el sol en la cara y siento ese calorcito de Semana Santa, de primavera anticipada. Y cómo no, por algunas calles ya huele a cocido, a vino, gente preparando para empezar desde primera hora del día, para que así, sea éste más largo, así poder disfrutar más tiempo.

Ya, cuando uno está en el Cuartel, en su casa, con su gente, con nuestro Manolo, entre nuestras cosas… puedes mirar el reloj, que seguramente marcará las 4 de la mañana, y dices: «¡Coño! ¡Ya son las 4!». «Pero, ¿qué hacéis tanto rato en el Cuartel?, ¿de qué habláis tanto?». Las cosas que no se entienden, pero que si se las explicas a un buen entendedor, tienen todo el sentido del mundo.

Pues bien, este Sábado de Romanos —que no de Cuaresma— llamado Carnaval, pasó como siempre: cuarteleras, coplas, risas y algún que otro cante carnavalero por el día que era. Y, como el cuerpo lo quería y lo requería, le lancé la propuesta a mi hermano Toni, sabiendo de antemano que la respuesta iba a ser positiva: repartir nuestro fino Doblas en la subida y bajada.

Esta labor, que para nosotros dos es un honor y un gusto hacer, nos hizo vivir otra subida y bajada juntos, con lo que esto contrae. Para mí, no sólo es un honor llevar la alpatana, sino también hacerlo junto a él.

Como os podéis imaginar, esta primera subida fue también para recordarla: muchas risas, confidencias, brindis, abrazos y cuarteleras se sucedieron hasta volver de nuevo a nuestro Cuartel, para ahora sí, la entrega de la pata.

Como es tradicional, nuestro presidente, Antonio Luque, se dispone a expresar el cariño al hermano que va a descolgar la pata correspondiente. Este sábado, al ser de Carnaval, yo pensé que iba para algún hermano con gusto por éste, pero cuál fue mi sorpresa que, al término de su intervención, pronunció mi nombre.

Nuestro presidente fue motivado a darme este privilegio debido a mi trabajo en el XXV Aniversario del Cuartel el año anterior; pero, como todos sabéis, este aniversario salió adelante por las manos y el empuje de todo el Cuartel. Yo sólo fui la cabeza.

Desde este espacio, os vuelvo a dar las gracias a todos por el cariño que le habéis dado a este Aniversario, a vuestro Cuartel y por querer disfrutarlo tanto. Esto se nos da una vez en la vida y, si no lo aprovechamos, se nos escapa.

Y gracias a mi presidente, Antonio Luque, por brindarme esta pata inmerecida, aunque, por supuesto, la acojo con ilusión y cariño eterno.

¡Viva La Sentencia de Jesús! ¡Viva Los Doctores de la Ley!

¡Viva el Cuartel! ¡Viva el pueblo!

«…gracias a todos por el cariño que le habéis dado a este Aniversario, a vuestro Cuartel y por querer disfrutarlo tanto…”

Javier Urbano Estepa

Hermano de la Corporación

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