No es un día cualquiera, es sábado, fin de semana especial, el de Pan y Peces. El fin de semana viene precedido de unos días especiales, ya que varias hermandades de Puente-Genil celebran sus cultos cuaresmales, entre ellas, la nuestra, la hermandad de «La Santa Cruz».
Como cada quinto sábado de romanos, celebramos a mediodía la tradicional Junta de Semana Santa, a la cual por diversos motivos me ausento, lo cual atrasa un poco el comienzo para mí de este día tan especial.
Sobre las 20:00 nos presentamos una buena cantidad de hermanos de la Corporación en la Parroquia de San José, donde vivimos una magnífica homilía por parte de Padre Mauricio en este tercer día de Triduo, el dedicado a Ntra. Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos.
Nada más acabar, cogemos rumbo hacia el cuartel, nuestra bendita casa, donde nos esperan Manolo y su equipo para ataviarnos con unas exquisitas viandas preparadas con cariño y esmero. Este sábado, contábamos en la mesa con el cofrade Mayor, Fco. Diego, los 3 hermanos mayores del presente año y como invitado particular del hermano presidente, nuestro querido y respetado José Antonio Laguna. La mesa también estuvo acompañada por representantes de Los Martirios de Jesús, la nueva savia de la Sed de Cristo e invitados del hermano José María, entre otros.
Para abrir mesa, nuestro hermano Luis bendice los alimentos, siendo nuestro cofrade el encargado de leer el Evangelio minutos después y un servidor, como encargado de llevar la mesa, tal y como viene siendo habitual.
Entre algún cántico y saetas cuarteleras irrumpe la voz hermano José María, para entonar alguna carcelera. A su cargo también, una intervención de agradecimiento a La Sentencia por darle tanto y una presentación hacia uno de sus invitados, quien en voz de todos nos cuenta lo agradable de la experiencia que están viviendo en Puente-Genil y sus cuarteles, más internamente dentro de nuestro Sanedrín.
Un poco más tarde, debido a la hora de comienzo y a las inclemencias meteorológicas, cogemos rumbo al Calvario. Las manos del decano y el hermano Roberto Aguilar nos derraman copas de líquido curativo para el alma, de nuestro gran fino Doblas.
Después de una subida algo más corta por los horarios y una visita en bloque al pórtico para cantar damos comienzo a una nueva cena de cuaresma. Como pasa a veces, la mesa se calienta y aumenta de pronto el número de intervenciones, teniendo todo su justo hueco. Momentos antes de la pata me dirijo al cofrade, dándole la enhorabuena a la Hermandad por todo el bien hacer de años hacia acá y resaltando la maravillosa puesta en escena el pasado 11 de octubre en el Via Crucis Magno de Córdoba. El cofrade interviene comentando un poco la actualidad de la Hermandad y el camino que debe de coger en los años venideros, teniendo a bien regalarnos una papeleta de sitio del Via Crucis a la Corporación en general, bonito detalle el cual recibo yo en nombre del presidente y mis hermanos.
Las cosas del Sanedrín, de nuestro Sanedrín, que comienza a hacer su magia al apagarse las luces y entonarse un poco la oscuridad. Raro me resultó, que el presidente en sábados anteriores «me chivó» la pata y este no. Tampoco quise ser indiscreto, pero a medida que avanzaba el discurso y el presidente Antonio Luque me miraba desde el atril, veía como los caminos se iban cercando, ese reconocimiento era para mí. Al oír mi nombre ya sí que sí, la pata de Pan y Peces de 2026 se venía para casa, mi primera para siendo papá, sin duda bastante, bastante especial.
Doy gracias al Señor de los Afligidos por darme salud para vivir estos momentos, a mis hermanos por darme cada uno de sí mismo, a mi familia por dejarme y permitirme ser quien soy hoy día y al Sanedrín, hervidero de emociones, donde ilustres soñadores gozan de sus pasiones, acercándose al Terrible en cada una de sus estaciones.
¡Viva Puente-Genil y su Mananta!
¡Viva Los Doctores de la Ley y La Sentencia de Jesús!







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