Otra vez llega nuestro querido Mayo, el mes de las flores, de María, de las madres, de la primavera. Ese mes en el que nuestros sentimientos vuelven a resurgir recordando aquellos primeros años en los que íbamos al cuartel de nuestros padres y nos vestían con esos pequeños ropajes, que acompañaban con su rostrillo y su martirio. ¿Quién no recuerda esos nervios esperando el sorteo de figuras, el desayuno del día de la Cruz o esos desfiles en los que ya eras grande e ibas marcando el paso y corregías al que iba delante de tuya que no iba bien? Pues por desagracia nuestros hijos e hijas se están perdiendo estas vivencias que este dichoso virus nos ha dejado en blanco dos años de nuestras vidas.

Está claro que los más pequeños no se dan cuenta en el tiempo que estamos y de que para ellos es un día como otro cualquiera, pero hay una generación que mucho habrá cambiado cuando esto se vuelva a retomar. Hablo de nuestros doctorcitos más grandes, esos en los que su tiempo en la Semana Santa Chiquita se está acabando, a los que la túnica de figura ya no les sirve, los que empezaron a sacar pasos como la Guía y querían ser costaleros y se han quedado con las ganas, a los que la voz le está cambiando y por vergüenza no se atreven a entonar esas tan bonitas cuarteleras que cantaban al Nazareno Chiquito. Seguramente os venga su nombre a la mente y puede que para nuestro doctorcito mayor, nuestra querida Semana Santa Chiquita se vaya acabando, que sea el turno de vivirla de otra manera, con sus amigos, en su grupo, al igual que nosotros la vivimos a su edad y más pronto que tarde estará compartiendo mesa con vosotros y no con los niños.

¡Ay cuándo podamos volver a celebrar la Semana Santa Chiquita! Nuestras niñas: Flori, Alma, Alejandra y Paula ya no serán tan chicas y junto a  Gabriel, Martín y Héctor sabrán guiar y cuidar de Lucas, Mateo, Jimena, Pablo, Manuel, Jaime, Emilio, Jaime, Gonzalo y todos los pequeños doctorcitos que están por llegar.

Que ganas de volver a ese bendito cuartel en el que nuestros pequeños han dado y darán sus primeros pasos como buenos mananteros. Ese día en el que el sol brillará, el salón estará lleno de nuestros doctorcitos, correteando y armando jaleo, animándose a tocar el tambor y entonar alguna que otra cuartelera.

Óscar Cejas Chacón

Hermano de la Corporación

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