Todavía dormía y ya tenía unas letrillas en la cabeza…

“Ven conmigo forastero
Que te voy a enseñar la
Verdad de la “Mananta”,
De esta pueblo sin igual.

Verás que sin conocerte,
Cualquier hermanito es bueno,
Para brindarte SU CASA
Y no te sientas ajeno.”

…y así me puse en marcha. Llegaba el Día de Pan y Peces y, como cada Sábado de Cuaresma, me levantaba con un “sentimiento especial”. Había deseado este día con todas mis fuerzas, pues estar con mi niña; mi Sentencia, y sus hermanos, es algo difícil de explicar. Para mí, es un poco espinoso, no te engaño, y más aún ahora que me he convertido en ausente, algunas veces casi forastero.

Había pasado un tiempo y, como era normal, aunque estemos en contacto cada día, volver a vernos las caras causó un revelo importante, incluso el presidente tuvo que poner orden. ¡Qué barbaridad, como en los viejos tiempos! No se entendía nada…. solo risas, caras de nerviosismo, muchas bromas y mucho cariño. ¿Un abrazo? Con esos ojos lo tengo “to pagao”… y así pasaba la noche en nuestra casa. Algunos brindis, más vivas, ¡una carcelera Rafael!, bello de punta y más alegría. Así cura esta niña a sus hermanos, con alegría y cariño. Con unidad y fuerza. Con Sentencia.

Como siempre, termina la primera parte de la cena y se hace un descanso. Cuando el tiempo lo permite, subimos a visitar al Terrible y alternar con el resto de la “Mananta”. “Hoy nos quedamos en casa”, supongo pensaría el hermano de la alpatanera, pues ni siquiera la preparó. La verdad tampoco me importó mucho, estaba muy cómodo así, no quería que nada lo estropeara.

Rápidamente, el presiente dio la entrada a la segunda parte de la cena y allí estábamos todos otra vez. Gracias Ezequiel por juntarnos aquí a todos. Como si de un cuento mágico se tratara, el presidente avisó que este momento ya tenía tiempo de terminación y… claro…, nos pusimos un poco nerviosos. Un hermano se puso a cortar jamón como si de un concurso se tratara, otro reía, otro miraba para un lado diferente al que estaban los hermanos, varios hermanos (de forma extraña) se sentaron en el mismo sitio del salón y otro incluso abrió un paraguas… cada uno estaba como en casa, como siempre esta cada uno en la Sentencia, pero en sentido literal, CADA UNO EN SU CASA.

Los tiempos que corren son para estar más unidos que nunca, pero en la distancia. Así, aunque os tenga a 2500 km, os tengo cerca y siempre os tendré. Aunque cada uno hicierais esto desde vuestra casa, habéis permitido que la esencia de La Sentencia de Jesús y Los Doctores de la Ley entrara en vuestra casa. Era un sábado en el que yo tenía que estar allí, en vuestra casa. Un sábado en el que todos teníamos que haber estado allí, y eso, reconozco, me entristeció conforme llegaba el día. Veros la cara por la webcam me hizo entender que lo importante no era estar en esa casa con vosotros, lo esencial era estar con vosotros, porque cada uno de vosotros hacéis esto posible.

A mis hermanos, que son capaces de romper las barreras de la vida y el tiempo, gracias de corazón. David Serrano y yo agradecemos este gesto que habéis tenido para brindarnos un Sábado de Cuaresma con vosotros, ya que el destino no nos permitió estar físicamente. Es cierto David, “para estos unidos no hace falta estar juntos, solo SENTIR”.

Y ahora que ya “siento”… ¿Dije ausente? ¿Dije forastero?… ¡ya lo recuerdo! así terminaban esas letrillas. Gracias hermanos.

“¡Qué me dices! ¿Qué vienes el año que viene?
¿Qué quieres ser “Manantero”?
Pues me alegro amigo mío
Que todos somos hermanos, aunque
Tu seas forastero.

Y cuando a ti te pregunten que,
Por qué eres “Manantero”,
Di con la cabeza alta, con orgullo y valentía
Que “La Puente” a ti te ha dado
La fe que tenías perdida.

Llorando el hombre se fue y sollozando me dijo:
Viva la Semana Santa y el pueblo que me acogió,
Viva toda su gente y la madre que os parió.”

«…hoy nos quedamos en casa…»


Gregorio Triviño Luna

Hermano de la Corporación

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