Hermanos, me dirijo a ustedes con la única intención de compartir un trocito de mi experiencia en el mes de agosto como peregrino del Camino de Santiago. La Sentencia, sin saberlo, fue más partícipe de ello de lo que os imagináis.

Como todos ya conocéis, el Camino de Santiago consiste en realizar un peregrinaje durante un determinado número de kilómetros (a pie, bicicleta o caballo), que termina en la tumba del apóstol Santiago el Mayor, ubicada en la Catedral de la ciudad que le otorga su nombre. Existen muchos caminos a Santiago, pero el original (El Camino De Santiago) es el Francés, que comienza en los pirineos. Esta fue mi ruta, junto a un grupo de amigos y hermanos, más que conocidos por todos nosotros, de Las Lamentaciones de Jeremías, de más de 115 kilómetros.

Durante 5 días anduvimos por parajes, calles y entornos que enamoran a todo aquel que los recorre. Y sin ser muy conscientes de ello, aquella experiencia tuvo mucho que ver con nuestra forma de vivir la Cuaresma y nuestra Semana Santa. Una atmósfera de Convivencia, Solidaridad, Ayuda al prójimo, Hermandad y momentos Compartidos rodean el simple hecho de caminar. Por eso se dice que el Camino de Santiago no es solo recorrer cientos de kilómetros, sino todo lo demás que envuelve esa acción.

Lo que vengo a contaros muy brevemente es lo siguiente: Al llegar a Santiago de Compostela, todo peregrino que haya superado más de 100 kilómetros de ruta y haya sellado su acreditación al menos en dos ocasiones en cada etapa, puede obtener el reconocimiento oficial que certifique que ha realizado el Camino. Bajo mi experiencia, cuando llegamos a la ciudad, el número de peregrinos a las puertas de la Oficina del Peregrino superaban las 4 horas de cola para obtener tal documento (Una pequeña decepción después de tanto sacrificio).

En ese momento, una lugareña se acercó a mí para contarme que, a un par de calles, se ubica el Convento de San Francisco, donde el cura de la iglesia que se ubica en dicho convento emite un documento similar a la Compostelana llamado LA BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO. En ese mismo momento me acerqué hasta allí y, cuál fue mi sorpresa, estaba vacía, solitaria. El cura estaba abriendo las puertas en ese momento. Le pregunté al buen hombre si era cierto lo que me habían comentado y, amablemente, me invitó a pasar a la sacristía, dónde me explicó qué significa el documento y el sentido del mismo. Yo también le conté brevemente de dónde venía y cuáles eran nuestras tradiciones, pues el documento no iba a sellarse a nombre de una persona, sino de un colectivo: La Sentencia de Jesús.

Durante toda esta experiencia, yo iba sellando mi acreditación personal y una segunda acreditación que iría destinada a La Sentencia. El colofón final fue poder obtener también el documento de la Bendición de San Francisco para el colectivo, que, desde ahora, permanecerá en las paredes de nuestra Casa Cuartel.

Aprovecho estas últimas líneas para recomendar y desear a todo aquel que lea este testimonio, que se anime a vivir la experiencia del Camino al menos una vez en la vida. Sea por el motivo que sea: deportivo, religioso, reflexivo o social. Sin duda, tal y como hemos escuchado muchas veces, en la vida lo importante no es la meta, sino el Camino. Y para mí, ahora esta frase tiene más sentido que nunca.

            Un abrazo enorme a toda mi Sentencia y un saludo a cualquier lector que se pase por aquí.

            ¡Viva tu grupo!

«…y cuando mires atrás quiza ya hayas andado el camino…”

David Bascón Esojo

Hermano de la Corporación

2 Comentarios

  1. Grego

    Grande hermano! Enhorabuena

    Responder

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